En un apasionante partido Tucumán se quedo con la edición 81 del campeonato argentino venciendo a Santa Fé por 86 a 84 en el último minuto.
| Equipo del seleccionado tucumano de básquet.Campeón edición numero 81 |
El pasado sábado se jugaba la final del campeonato argentino entre tucumanos y santafesinos. El encuentro se debería haber jugado el domingo, pero en el jardín de la república habría elecciones para gobernador.
La gente presente en el estadio desde las cinco de la tarde (fue a ver el partido por el tercer y cuarto puesto), estaban ansiosos por lo que pasaría luego. En lo que en la previa se decía que iba a ser un encuentro apasionante y no apto para cardíacos se terminó cumpliendo lo dicho.
Las personas que se llegaron a ver el partido final de la edición 81 ya estaban ansiosas lo presentía en mi cuero nuevo, naranja y muy brilloso.
Todo estaba listo para comenzar, yo en manos del arbitro me dirigía al centro de la cancha, a punto de ser lanzada hacia el aire.
El cotejo comenzó, no me dejaban respirar un minuto, me maltrataban, me hacían pasar por debajo de sus piernas y me tiraban contra el tablero.
El partido fue así, muy movido,entretenido y apasionante.
Los últimos segundos del cuarto cuarto fueron terribles, todos nerviosos y ansiosos, transpiraban por los nervios y por el clima que había en el estadio ubicado en calle Bolivar al 1300, hasta yo sudaba.
El local ganaba 83 a 81 todo era festejo y emoción en el estadio. Pero yo no quería que el encuentro termine así, quería darle mas suspenso. A si que en un saque de banda para el visitante Diego Palacios me empuja hacia jugador Osvaldo Thiessoz y él me devuelve a Palacios, desbordando y con una marca encima y cayéndose Diego me lanza y me acomodo dentro del aro, 83 a 84 perdía Tucumán. Pero tomé la decisión de que el equipo de Vildoza ganara el partido. A falta de un segundo era salida para el local, el árbitro conmigo en sus manos me pasa a el jugador Leandro Vildoza (Hijo del técnico) para que reanude el juego. Leandro me pasa muy rápidamente hacia Gerónimo Solorzano que me esperaba con las manos en alto y sin medir tacto con él, me lanza con una sutileza, técnica y precisión. En mi recorrido de sus manos hacia el aro, todos los presentes en el estadio tiraron todo lo que tenían en sus manos y se pararon; unos rezando otros secándose la transpiración pero finalmente saltaron de alegría cuando ingresé. Todo era fiesta, todos cantaban, se abrazaban y hasta algunos lloraban, si lloraban yo los vi mientras terminaba de rebotar luego de ese triple (Ganó el local 86 a 84) nadie se preocupó por mí, pero yo estaba cansado y satisfecho por el trabajo que hice, al fin pude descansar en el piso tan suave de parqué. Y fue así como viví todo el partido.
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